Julio 20: hallando una salida.

Hace un par de días comencé a trabajar. No es mucho, sólo es hasta el 11 de agosto y, de ahí, quedo libre para ver si estudio este semestre o no. El trabajo en sí no es nada desagradable, tengo que cuidar a una persona autista en un hogar que queda en la isla al frente de Kalmar y cuento con la suerte de caerle bien a dicha persona. Los turnos tampoco son muy largos, el más largo es de casi 9 horas y el promedio de cada turno es de 7 horas, así que tengo suficiente tiempo para hacer más cosas si me toca trabajar de 7 a 14, que es mi horario más habitual. Hoy es uno de mis días libres y me la he pasado flojeando, sin tanta ansiedad como tenía el año pasado (me la pasaba aterrada en mis días libres, pensando en que tendría que volver a correr como loca debido a mi paciente y su manía por hacer las cosas a ciertas horas en punto) y enfocándome en que ya me queda menos. No es que no me guste el trabajo, pero tengo claro que cuidar gente no es lo mío y, si bien me dolió un poco el percatarme que no sirvo para absolutamente todo, ahora lo veo como algo positivo.

Qué de positivo tendrá el saber que no sirvo para cuidar personas, se preguntarán. Pues bien, yo lo veo como una especie de filtro, una guía que me ayuda a encontrar mi camino en la vida laboral. Antes pensaba que servía para todo y ahora me doy cuenta que realmente no es así, que tengo cierta fragilidad y que esa fragilidad tiene que ser respetada o terminaré con un cuadro innecesario de estrés y, quizá, una recaída de mi trastorno bipolar, lo cual no vale la pena por trabajo alguno. Esa fragilidad no ha pasado desapercibida para Corleone y, hace unos días, me dijo: “por qué no buscas una carrera que tenga que ver con computadoras? A ti te gustan, eres buena administradora y no tienes que lidiar con mucha gente”. La verdad, nunca había pensado en convertirme en algo relacionado con informática porque, en Chile, ésta se reduce a un puñado de carreras que nunca me interesaron, mientras que acá en Suecia la oferta se amplía y hay trabajos para todos los gustos. Yo no soy muy adepta a andar programando, por ejemplo, pero soy buenísima arreglando cosas, instalando y haciendo mantenimiento, así que anduve mirando por ahí y salió una opción posible: administradora de Tecnologías de la Información (o IT-Admin, como también se le conoce). La carrera en sí es corta, dura como año y medio considerando que yo no estoy en condiciones de hacer una carrera a tiempo completo (la tomaría a 50%), es a distancia, viene con práctica y tiene un buen sueldo (ganaría, al menos, un 35% más de lo que ganaría si sigo como Asistente Personal y un 20% más de lo que gana Corleone), no tengo que andar corriendo para todos lados ni cocinando cosas raras, no tengo por qué andar rodeada de gente y hay bastantes salidas (desde andar instalando programas a encargarse de los pedidos de grandes empresas o los horarios de los trabajadores de alguna empresa o comuna, por ejemplo), así que la idea me parece bastante atractiva y me distrae del sombrío futuro que veo como Asistente Personal. No es que no sirva para esto, es más, siempre encuentran que soy buenísima y dedicada al 100%, es el hecho del desgaste lo que me aleja del cuidado de personas y ese desgaste me es tan acumulativo como peligroso.

Antes me hubiera costado aceptar este hecho, me veía como alguien irrompible con una voluntad de hierro, sin tener en cuenta que también tengo mis límites. No puedo hacer algo que no me gusta, a pesar de tener talento para ello. No me gusta ser Asistente Personal, no saco a relucir mis capacidades y me siento estancada en algo que, si bien da un poco de dinero, no me va a llevar a nada. Sé que habrá gente que piense que me estoy quejando de llena y que debería aceptar lo que tengo (mi suegra, por ejemplo, es de ese tipo de persona), pero no podría vivir conmigo misma si me quedase en esto para siempre. Puedo aguantar trabajar de manera esporádica, quizá cubrir a alguien cuando esté enfermo, pero de ahí a hacerlo el resto de mi vida es un salto que no quiero dar y que no voy a dar incluso si me pagasen el doble. Toda esta majamama de experiencias, estudios y demases, me ha llevado a reducir mis preferencias laborales – aparte de escribir – a cosas que posean las siguientes características:

  • Horario fijo.
  • De lunes a viernes.
  • Poca interacción con la gente.
  • En un solo lugar.
  • Que me dejen trabajar tranquila.
  • Sueldo decente.
  • Que no me lesione a nivel físico.

En qué se diferencia esto a lo que yo hago de momento? En lo siguiente:

  • Horario siempre cambiante.
  • Turnos que se modifican cada semana.
  • Es rarísimo que tengas un fin de semana libre.
  • Jornadas de 11 días seguidos o, como el año pasado, 60 horas semanales.
  • Interacción reiterada tanto con pacientes como con el personal.
  • Traslados y salidas semanales.
  • Sueldo bajo.
  • Eres una mezcla de enfermera, cuidadora y empleada doméstica.
  • La espalda te empieza a doler a los dos días.

Y también me lleva a plantarme lo siguiente:

Es un trabajo decente? Sí.
Es un trabajo que a algunos les llena? Sí.
Es un trabajo que a mí me llena? No.
Es un trabajo que me sirva a nivel anímico? No.
Vale la pena sacrificar mi salud por algo que otra persona con más vocación puede hacer? No.
El dinero que gane hará que el esfuerzo valga la pena? No.
Va a mejorar el panorama con el tiempo? No, porque me voy a ir cansando más y más.
Me acostumbraré a ello? Nunca, me conozco y sé que la presión me va a terminar enfermando.
Es mejor que este trabajo sea temporal y no permanente? Sí, no me veo haciendo esto a los 35 años (y ya tengo 33).

En el presente trabajo, me han ofrecido que me quede de permanente o, al menos, de reemplazo, pero lo estoy pensando seriamente. Hablándolo con Corleone, me dice que podría trabajar unos 4-5 días al mes y así tengo dinero para mis gastos personales, para ahorrar un poquito, o me dice “imagínate ir a Chile con más dinero aún”, lo cual no tiene nada de tonto. Podría trabajar 4-5 días al mes perfectamente, cubriendo turnos y todo eso, pero no me veo ahí metida por siempre por muy buena onda que sea el personal (lo son). No tengo la vocación necesaria, a mí lo que me salva es que soy buena ejecutando cosas, el hecho de ser perfeccionista y mi sentido de la responsabilidad. De no tener todo eso, creo que ya habría renunciado o tirado una licencia por depresión (cosa que puedo hacer, mi depresión de noviembre me da licencia por un año), pero yo soy alguien que se compromete y me comprometí a ayudarlos, así que estaré ahí hasta el 11 de agosto en la noche, veré si sigo yendo después (no estoy 100% segura) y me concentraré en otras cosas que sí me conviene hacer.

Eso es todo por hoy! Fue un post bastante largo, pero tenía muchas cosas que decir. Espero que todos estén bien y que no anden cuestionándoselo todo, como yo, jajajajajaja!

Muchos saludos y hasta la próxima!

Yo 🙂