Agosto 17: un adelantado descanso.

Ya no estoy trabajando. La semana pasada, debido a las circunstancias especiales que comenté en mi escrito anterior, hablé con los supervisores y me dieron el visto bueno para tener esta semana libre, así que he estado descansando como corresponde (estoy un poco resfriada) y preparándome para volver a clases. Como mi último día fue muy, pero muy loco (salí a las 14 y tuve que correr para tomar un tren a otra ciudad), ni siquiera tuve tiempo para digerir el proceso y sólo me invadió una mezcla de alivio, sueño y un poco de alegría. No, no es que no me haya gustado trabajar, el problema fue que mi ingenuidad y mi exceso de responsabilidad causaron que haya sido yo la que más trabajó, la que estaba al tanto de todo y la que se quedaba “pegada” en el trabajo incluso en mis días libres, lo que provocó una especie de doble trabajo de tiempo completo que me terminó colapsando en cierta manera.

Ya estoy saliendo del colapso, por suerte. La primera noche de “libertad” dormí un montón para luego viajar a Linköping, la quinta ciudad más grande de Suecia y que queda a corta distancia de donde vive mi suegra. El tiempo no acompañó mucho que digamos y la ciudad tiene un aire un tanto frío (la gente es hasta medio hostil), pero encontré por suerte unas cosas que me gustaron. Lo primero que mis ojos vieron al caminar por Linköping fue una tienda de lana, así que no aguanté y me metí a comprar, jajajajaja! No gasté cantidades extraordinarias de dinero, adquirí algodón mercerizado para hacer paños de vieja (cu… ya llevo tres, jajajaja!) y, mientras iba a la caja en mi nubecita de felicidad, vi una lana preciosa que me hacía ojitos y decía “cóooomprameee”. Cuando le pedí a la vendedora que me la pasara para toquetearla mejor, me di cuenta que era de una marca conocidísima por mí y que nunca, pero NUNCA había encontrado cerca: Manos del Uruguay. Yo fui a Uruguay, estuve dándome vueltas como loca por Montevideo y no vi lana por ningún lado por mucho que caminé, caminé y caminé, así que me reí un poco al ver la marca, le conté mi anécdota a la vendedora y, of course, me la compré (sale muy cara, pero vale la pena!).

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Si nos ponemos a hablar de características, la lana es un merino superwash extra fino de 800 mts. por 100 gramos, lo cual cae en la categoría de “lace yarn”. La “lace yarn” es lana que se ocupa para hacer calados y tejidos con caída, para lo cual se usan palillos más grandes que los supuestamente recomendados. Una lana como ésta, tejiéndola en tensión normal, usaría palillos del número 2,5, mientras que para calados se usan palillos de 4,5 a 5, lo cual hace que el efecto – si bien no es muy definido ni “firme” –  sea vaporoso y ligero. Estoy usándola para una especie de bufanda calada y, sinceramente, el efecto es muy lindo, aparte de rendir un montón debido a la cantidad de metros que tiene la madeja 🙂 Como nunca había usado un material así y me encantó, me puse a buscar otras marcas similares y me topé con la marca Schoppel Wolle y su Laceball 100, que es exactamente el mismo material que mi otra lana y la misma cantidad de metros, sólo que con distinto tipo de distribución de colores.

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El precio es un poco menor que el de Manos del Uruguay y la lana en sí viene de Argentina (el proceso de coloración se hace en Alemania), pero no puedo negar que son tan hermosas como la de Manos aunque tienen un aire un poquito más rústico. Si soy sincera, me las compré no sólo porque quería probar algo nuevo, sino que también porque necesitaba algo diferente que hacer antes de volver a la “normalidad”, una especie de transición entre la actividad extrema y el ritmo más rutinario de mis estudios (gasto tiempo, pero tengo la oportunidad de distribuirlo mejor). Como soy una persona simbólica para gran parte de mis cosas, decidí tejer como modo de ir elaborando todos los procesos que viví mientras trabajaba y entrelazándolos para que la conclusión sea algo a lo cual sacarle provecho, tal como uno hace mientras crea una prenda. Puede sonar muy abstracto, pero yo funciono en esas alturas y no me queda de otra salvo hacerle caso a mis tripas cuando quieren algo en particular, jajajaja! Lo otro que me compré fueron un par de prendas nuevas y jabón hecho a mano, lo cual también podría tener cierto aire simbólico si nos ponemos analíticos, no creen?

Llegó la hora de irme a hacer mi labor doméstica favorita, cocinar (no cociné por casi dos meses), ya que cierta personilla está diciéndome que casi se muere de hambre, jajajaja! Nos vemos en otra ocasión, que la pasen muy bien y disfruten de la semana 🙂

Hasta la próxima!

 

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