Septiembre 4: (casi) nada!

Estas semanas de escuela están prácticamente vacías (salvo por inglés, que parece venir con un desgaste neuronal considerable, jajajaja!). Ya no tengo tareas escritas en mis materias usuales, sino que sólo me queda un ejercicio práctico el 12 y de ahí nada hasta que empiecen las especializaciones a distancia y mis escasas idas a estudiar inglés de manera presencial. Sólo me toca ir a la escuela un par de horas mañana y otro par de horas el jueves, estar presente para el ejercicio famoso el lunes 12 y el jueves 15 nos hacen la fiesta de despedida, en la que diría adiós a mis compañeros y cada uno emplumaría hacia diferentes manicomios, perdón, centros asistenciales, jajajajaja!

Me agrada la idea de no tener demasiado que hacer a nivel estudiantil, especialmente luego de un verano asfixiante y lleno de trabajo que me tuvo al borde de una visita con estadía al psiquiátrico. Necesitaba un descanso del “descanso” y justo ahora me conceden el deseo (salvo por inglés, pero el profe parece más relajado de lo que todos creen), así que estoy bastante contenta de poder darle cabida a mis actividades favoritas (escribir, tejer, seguir escribiendo, etc.) sin sentirme estresada por una tarea pendiente asomando la cabeza por ahí 🙂

El único punto medio oscuro que me hizo salir de mi tan anhelada atmósfera de tranquilidad fue la visita de cierta personita adicta a la limpieza, la cual tuvimos que pasear por la isla de Öland (que queda a un puente de distancia de donde vivo yo) por horas de horas. Miren, no tengo nada en contra de un poco de improvisación, pero a ella se le pasa la mano groseramente y toda su visita de casi medio día fue marcada por ese aroma a incertidumbre total que a una persona como yo puede fácilmente sacar de quicio. Fue una seguidilla de “ahhh, ahora quiero ir para acá”, “espera, espera, quiero ver esto!” y “busquemos un lugar para tomar café casi a las 8 de la tarde” que me tuvo recorriendo kilómetro tras kilómetro sin obtener nada a cambio (yo quería ir a ver unas lanas en un lugar llamado Ullcentrum, pero esta señora se dio tanta vuelta innecesaria  que pasé por las oficinas tres horas tarde), así que terminé el día de ayer con unas ganas casi insoportables de sacarle las amígdalas con una pinza para cejas… menos mal que hoy desperté de mejor humor, jajajajaja!

Como hoy es domingo y acá es como ley implícita que nadie cocina si no tiene razones de peso para hacerlo, es hora de despedirme por hoy e ir a pedir las pizzas correspondientes a esta semana, jajajajaja! Espero que estén todos muy bien y que no tengan que pasear a nadie si no desean hacerlo, miren que haaartas ganas me dieron de parar en un supermercado y comprar una pinza para cejas “por si acaso” 🙂

Hasta la próxima!!!

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