Diciembre 14: naviblargh! (y no, no estoy deprimida…)

Si existe una persona a la cual no le interese mucho la navidad, ésa soy yo. Entiendo que debe ser entretenido recibir regalos y todo eso, pero muchas veces es más estrés y engordar que nada. Ir a las tiendas es un suplicio, la gente te taclea si vas tras ese último paquete de no se qué cosa que ellos querían y las palabrotas van y vienen, y vuelven a ir y vuelven a venir. Antes me gustaba que me dieran muchos regalos, pero me he ido poniendo un poco más sencilla (o amargada, o amargadamente sencilla) y también más práctica, así que ni asomo la cabeza por el campo de batalla, compro un par de cositas online y con eso tengo suficiente. Este año – siguiendo la tónica de mi obsesión por los olores – compré una selección de jabones y un paquete de cosas de aromaterapia de la marca Rituals, que se ha ido posicionando como una de las mejores a la hora de ofrecer buenos aromas de gran calidad. Acá en Suecia recién se está haciendo conocida y yo, que soy muy adepta a todo lo que huele bien, encargué un set llamado The Ritual of Laughing y que se supone huele a cítricos y cedro, que es una combinación que me gusta bastante.

Lo otro que sale en mi título hace alusión a mi episodio del mes pasado. Posteé al respecto el 18/11, un par de semanas antes que me volvieran a llamar para analizarme nuevamente (me tocó revisión el 6/12, esta vez fue una doctora que es jefa de los jefes de toda el área). Me miró, me escuchó y me dijo “no, tú no tienes depresión”, lo cual me dejó más helada que ir a nadar en pelotas cerca del Círculo Polar. De ahí llamó a Corleone, lo hizo hablar y soltó la firme: soy bipolar. No, no soy de las bipolares tipo I que van de la depresión más absoluta a la felicidad más inconmensurable (manía), sino que soy de las que se deprime muy fuerte y luego se pone de mejor humor, aumentando la productividad en el trayecto (tipo II, hipomanía). Me sacaron la sertralina de cuajo y me advirtió que – en casos como el mío – era derechamente peligrosa y fácilmente podía llevarme al suicidio, así que me dieron otras que me tienen más estable (aunque aún falta tiempo para que me acostumbre por completo).

Si me preguntan, creo que ser bipolar es un poco peor que ser depresivo. El depresivo tiene más control de la situación y, si bien experimenta anhedonia (falta de gozo por la vida), no anda yéndose de un lado al otro sin control, porque gasta energía el hecho de pasar de no sentir nada agradable a creer que es muy entretenido quedarse despierto toda la noche escribiendo como loco. Es una constante inyección de energía que luego desaparece y te deja en el suelo, lo cual es más difícil de controlar si nos ponemos prácticos. No estoy menospreciando una depresión (cómo podría, si la depresión es la mitad de mi condición, jajajajaja!), sino que esta montaña rusa en la que estoy metida tiene tantas subidas como bajadas y yo creo que no es de sorprenderse que me sienta tan mareada a veces…

Iré a descansar un poco. Estoy bien si me comparo al mes pasado. El cansancio que siento y que me hace dormir bastante (sep, pasé del insomnio a la hipersomnia) es más que nada por el efecto de los medicamentos y porque me debilito al abrir la boca y ventilar lo que se asoma por estas tripas saltarinas mías. Espero que estén todos muy bien, disfruten del miércoles y vayan a ver al doc si se sienten mal 🙂

Hasta la próxima!!!

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