Febrero 22: perdición de bolsillo.

Me quedé con las palabras a medio susurrar en la boca, presa del silencio que tu ausencia me impuso, presa de la historia que jamás querrás contar. No hubo ni hay espacio para explicaciones ni razonamientos, sólo hubo espacio para dejar el vacío que invade mis ojos, hoy plagados de bruma.

Sí, lo sé. Eres el último pasajero de este maltratado bus, el que maldice por cada curva de la ruta y que no se quiere bajar cuando yo intento detenerme. Eres mi versión de bolsillo de la perdición más absoluta, mi apocalipsis particular, ese paraíso adorable que se vuelve una pesadilla llena de espinas, el punto medio entre un respiro de vida y la locura absoluta.

Brillas en mi memoria como la pálida luz del ocaso mientras otro puerto recibe los rayos de tu deferencia. Yo sólo recibo el vacío, el aguacero, la herida abierta que arde con cada aliento que das y que llora en sangre lo que mis ojos ciegos jamás podrán ni querrán llorar…

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