Mayo 2: nostalgia.

Hoy desperté extrañando mis tierras y su polvo, jajajajaja! Fuera de chiste, desperté con cierta nostalgia y añorando estar muriéndome de frío en Chile en vez de disfrutar de una muy agradable primavera en Suecia. No sé, hay veces que ves una foto o andas por el Facebook y ves que la ciudad donde vivías (Quintero se llama) sigue su curso mientras que, en tu mente, se ha quedado quieta.

La ciudad en sí tiene su gracia. Si bien aún no llega a ser lo que es Viña del Mar, tiene un potencial enorme y playas preciosas. Su centro es chiquito, lleno de gente que me conoce y que siempre le pregunta a mi mamá si me he casado o cuántos hijos tengo. Sus calles tienen mi historia en ellas, mis anécdotas, lo lindo y no tan lindo que he vivido, veinticinco años de la vida de alguien que aún sueña con ir a ver la puesta de sol a la playa El Libro o ir a comprar a la panadería favorita, rezando para que haya rosquitas con manjar y luego volver a casa para disfrutar una hermosa tarde con aquel sol que siempre se colaba por mi ventana, mientras escuchaba música tirada en la cama y soñaba con – algún día – emprender un vuelo en grande, conocer otras latitudes…

Ya llevo casi ocho años viviendo en Suecia y, la verdad, me ha hecho bien y no tan bien. Lo positivo de este lugar es que aquí puedes llegar a alguna parte, cosa que difícilmente pasa en Chile, mas lo no tan bueno es esa falta de calidez que tanto se añora pasado un tiempo. No pido algo extraordinario, sólo hablar con los vecinos acá es una proeza y se extraña esa facilidad chilensis de llegar y meterse en las vidas ajenas, jajajaja! No estoy de acuerdo con el chismoseo, pero sí se extraña esa cercanía con la gente a tu alrededor y esos lazos que se forman con personas que forman parte de tu día a día. Acá la gente te atiende con amabilidad, pero no te preguntan por ti o tu vida como lo hacen en Chile, mucho menos entablan conversaciones largas cuando la clientela es poca. Tampoco hay esa magia quinterana en el paisaje, ni sus amaneceres o atardeceres cargados de color, más bien son normales y un poco desabridos, como es la gente por estos rumbos. Quizás es por eso que me veo caminando en sueños por Quintero, yendo a comprar al centro como siempre hacía en mi antigua rutina, para luego pasar a ver el mar y volver a casa cargada de energía. Acá camino, como todos saben, pero no es lo mismo… te sientes como algo pasajero en la historia de esta ciudad, casi como un intruso, mientras que en Chile te sientes en casa con su desorden, sus micros repletas y sus dulces de La Ligua, su gente desordenada y autóctona, sus toneladas de palta y sus ocasos envidiables.

No estoy despreciando a Suecia, para nada, sino que sólo estoy admitiendo que cambiaría con gusto un poco de su nívea perfección con ese desastre que es Chile para así hacer un país más a mi pinta, jajajajaja! Cambiaría feliz los cajeros por esa gente que siempre te saluda y te cuenta sus peripecias, los atardeceres los haría más estrambóticos y coloridos y pondría vecinos que se interesen por ti, dejando todo lo bien organizado de este país como está. Sería mi país perfecto, que funcione bien tanto en lo formal como en lo informal, con calidad humana y calidez, con todo eso que aprecio de ambos sitios en uno, pero sé que no puedo hacerlo y, por ello, debo conformarme con vivir retazos de mi país cada vez que voy de vacaciones (no tan seguido como quisiera), secretamente queriendo quedarme cada vez que bajo un poco la guardia e intentando absorber lo más que pueda de su gente, de su atmósfera y de su siempre cambiante historia…

Hasta la próxima!

Yo 🙂

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