Octubre 12: de miedos y manifestos.

Hay veces que tengo miedo de todo. De no despertarme, de despertarme y que el día no salga como yo lo planeo, que los planes se cumplan, que me dé un ataque o que no me dé. Vivir en un estado de susto permanente, del cual – por suerte – ya voy saliendo gracias a mi propia mano, es lo peor que te puede pasar. Como algunas personas saben, publicaré un libro en diciembre y éste vino cargado de un montón de susto: qué dirá la gente por el tópico que cubro? Qué tal se venderá? Se entenderá lo que quiero decir? Serán 440 páginas mucho para que la gente lo lea? Todo ese tipo de cosas aumentaron mi miedo y me hicieron procrastinar bastante, me debilitaron, pero me dije “ya basta” y luché con todo el coraje que tengo contra el susto y el miedo de fracasar en algo que es imposible que fracase, porque el fin es publicar y eso es lo que haré.

Si uno lo piensa detenidamente, se requiere valor para estar asustado o, al menos, para admitirlo. Muchos sentimientos de ese estilo se quedan en el tintero debido a presión social, la que te exige tener cierto nivel permanente de alegría y gozo aunque por dentro te estés pudriendo. A la sociedad, al menos, a la sociedad más extensa, no le gusta ver gente que tiene miedo y es por eso que yo lo veo como un signo de valentía… echarse a la gente encima – a la que nos importa, por lo menos – no es una caminata por el parque, sino una demostración de vulnerabilidad y fuerza. Por qué vulnerabilidad? Porque hay que abrirse por completo y darse permiso a sentir. Por qué fuerza? Porque el que es débil acepta el juego y esconde lo que siente hasta que la tristeza se lo come por dentro, mientras que el valiente acepta que teme e intenta hacer algo al respecto, ya sea encomendarse al ser superior en el que crea o, como una que no tiene esos recursos, arremangarse y meter los brazos en el fango para ver qué de peligroso hay ahí.

Cuando tengo miedo de todo, meto las manos al dichoso fango y me doy cuenta que sólo hay barro y más barro, nada me moderá los dedos ni me quedaré manca. Soy una perfeccionista de marca mayor y sé que mi mayor miedo es el fracaso, así que mi punto débil está en emprender cosas nuevas de buenas a primeras. Qué me pasa? Procrastino, dilato, me tardo, pongo trabas, me enojo, pero últimamente he comprendido que todo eso agranda mi miedo y me hace temer a más cosas que asoman por la ventana de mi cabeza. Imagínense, terminé mi libro y, a pesar de no tener fallas, una parte de mí – la que teme al fracaso – estuvo insistiéndome en que no publique porque “para qué”. Cómo que para qué… para ser feliz! No fracasaré en ello porque no puedo fracasar en algo que ya es un éxito, ya escribí, lo publicaré sin falta y la gente que lo quiera leer lo comprará (ya tengo clientes, jeje), moveré los hilos que haga falta para que se venda si es que eso se requiere, pero por ahí no va mi triunfo… mi triunfo va en que verá la luz, en que me sobrepuse a mi sentimiento de terror a ser expuesta y que estoy en paz conmigo misma respecto a ello, lo que se siente como tienen idea.

Detrás de ese proyecto vienen varios otros que tienen que ver con él: un sitio web, blog, lista de correos y demases. Me asusta la idea? Claro, porque apenas sé hacer todo eso – de hecho, estoy estudiando el cómo – pero sé que tengo que seguir adelante sea como sea. Procrastinaré? Obvio, porque aún tengo resistencias al cambio, pero iré poco a poco avanzando y me tendré la paciencia necesaria. Hay que tenerse paciencia? Exactamente, porque qué sacas con tirarte las mechas a ti mismo? Vas a odiar lo que haces y mancharás para siempre lo que tanto te gustaba. Yo bloguearía cada día, pero sé que no lo podría aguantar y no me obligo a ello por mucho que mis lados más oscuros estén esperando a agarrarme el pelo y forzarme a ello (aparte que los blogs no tienen por qué ser necesariamente actualizados a cada rato para ser decentes). Yo haría mil cosas, pero sé que obligarme no es la solución y que las cosas requieren de tiempo para crecer y dar frutos.

Soy una persona capaz que a ratos tiene miedo, pero que lo reconoce. Soy vulnerable, pero fuerte. Dilato, pero lo logro. Meto las manos al fango. He madurado lo suficiente para ver que mi miedo tiene una base – mi poca afición a fracasar, siendo que he fracasado bien poco en esta vida – y que es esa base la que tengo que combatir cada vez que se asoma algo nuevo por mi perímetro de visión. Tengo una vida relativamente tranquila y cómoda a pesar de mi bipolaridad, tengo cosas de qué hablar y con quién hablarlas, tengo gente que me quiere y a las que quiero y, lo más importante, tengo tiempo para crear sin mayor contratiempos, lo cual agradezco profundamente. Mi deseo es seguir en esa senda de creación ilimitada y que me dé frutos de los cuales pueda subsistir, para llevar la vida que siento merecer sin tener que preocuparme en arriesgar mi salud mental haciendo lo que no puedo ni quiero hacer.

Eso es todo por hoy! Tengan ustedes una buena semana y nos vemos en el próximo post!

Yo, para variar 🙂

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2 comentarios en “Octubre 12: de miedos y manifestos.

  1. ¡Hola!me identifico completamente contigo en ese tema de los “miedos”.
    Te confieso que yo misma tengo muchisimos.
    Quiero hacer de la escritura un estilo de vida. Llevo trabajando en novelas que escribo desde que tengo memoria, perfeccionandolas una y otra vez, pensando que aun les falta muchisimo para ser perfectas, a mi manera.
    He aplicado en certamenes, y al final de cuentas el miedo me invade. ¿Y que tal si no tengo futuro en esto?
    Mi profesion y mi empleo son completamente ajenos a escribir, pero escribiendo es como mejor me siento, cuando soy yo misma.
    Sin embargo, después de esos temores y de los momentos de pánico, que nunca son eternos ¡Gracias a Dios!, me doy cuenta que no tengo nada que tener.
    Cuando se hace lo que a uno le gusta, se hace con pasión, y tarde o temprano las recompensas llegan solas 🙂

  2. Hola! El asunto de ser perfeccionista también te afecta, al parecer. A veces es pura procrastinación, el no querer soltar el proyecto y que tome alas propias debido a que tenemos miedo que esté malo, fallado o que no se entienda. Como bien dices, no hay nada que temer… siempre digo que el que deba leerlo a uno, llegará, así que podría ser bueno que aplicases la regla para ti misma, no crees?
    Qué suerte que tus momentos de pánico son pasajeros. Los míos, al ser bipolar, son mucho más duraderos y gasto energía como loca tratando de compensarme, pero lo logro – a duras penas, pero lo logro – y sigo adelante, poco a poco. Cuesta un mundo a veces – esto de la bipolaridad te afecta a niveles físicos – pero me levanto y acá estoy, saliendo de una depresión horrible que me tuvo invalidada por casi un año.
    Ya que tienes libros listos, podrías considerar publicarlos en Amazon vía Kindle. No sé si conoces Kindle, pero es un formato online que te permite publicar por ti misma en vez de andar rogándole a los editores a que te tomen en cuenta, jajajajaja! Buscas un editor para Kindle, conviertes tu libro y a subirlo a Amazon! Yo tengo, al menos, unos 700 libros en ese formato y son compatibles con teléfono móvil y tablet, lo cual lo hace accesible a mucho público. Los títulos están mayoritariamente en inglés, pero he visto cada vez más y más autores en español, así que sería bueno considerar la idea. Lo otro que podrías ver es autopublicación, cosa que haré yo vía Lulu.com. Te imprimen los libros por demanda, tienen un catálogo extenso y también puedes vender vía Amazon, qué tal la idea?
    Mucha suerte con tus novelas, estoy segura que llegará tu momento!!!

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