Septiembre 4: la antesala.

Mañana me toca caminar, pero a terapia. Tipo 8:40 de la madrugada andaré lentamente – o a lo que mis patitas puedan – los 4 kilómetros que me separan del Psiquiátrico y hablaré con la o las personas que me van a tratar. La verdad de las cosas, voy preparada para todo y abierta a que me pregunten cosas muy extrañas (como hacen acá), me pongan patas arriba y me tiren cuchillos si eso significa que sacaré algo bueno de la terapia famosa.

Dicen que dicha terapia durará un año – con un par de semanas de vacaciones – y que saldré completamente curada de ella, pero a veces me pregunto cuán curable es lo mío. No ignoro el hecho que el TEPT es manejable a nivel de terapia, pero la bipolaridad es un desbalance multinivel que sólo es controlable a pastillazo limpio y no mencionemos que probablemente tengo más cosas que no han sido vistas aún, lo cual complica un poco el panorama de mi supuesta curación. Que no se entienda mal, no es que no tenga ganas de estar mejor, pero quiero ser realista… estaré bien luego de esto o será como cuando estuve en psicoterapia durante mil años, cosa que no me ayudó en absolutamente nada?

Qué es lo que busco en esta terapia? En parte, reencontrarme; en parte, dejar de ser algunas cosas. Tengo que soltar mucho para poder adoptar lo nuevo y sé que me va a costar un poco, es como perder la identidad en ciertos casos y eso, por muy necesario que sea, se vuelve brutal e incómodo. No estoy acostumbrada, por otro lado, a salirme de mi zona de confort y sé que es una de las cosas que me va a tocar hacer, lo que me asusta un poquito y me hace querer quedarme durmiendo hasta tarde mañana. No, no es por cobardía, sino porque estoy acostumbrada a ser perfeccionista al máximo y no sé qué tal me desempeño en lo nuevo, eso me frena respecto a muchas cosas. Tengo claro que esta quietud forzosa saldrá a colación en terapia, amén de mil detalles más que me conforman como persona, y que tendré que ir puliendo poco a poco hasta llegar a una estructura que yo considere aceptable… el problema es que – repito – como perfeccionista que soy, no considero casi nada aceptable y temo que no me guste lo que vaya descubriendo de mí, por muy bueno que sea a ojos de otros.

Me siento en la antesala de algo grande, pero que no soy capaz de medir de ninguna manera… esto me es inaudito, a pesar de haber estado en terapias anteriormente. Se diferencia mucho de lo que yo considero un tratamiento psicológico (es en grupo, dura un año y tengo que ir por dos horas cada semana, lo cual es una barbaridad en idioma terapéutico) y me da tanto curiosidad como cierto recelo. No sé qué saldrá de ahí en el último día, no sé si me podrán ayudar o me tengo que quedar con las mil cosas que tengo entre pecho y espalda como un souvenir de esta vida, no sé mucho de esta nueva situación y eso me enloquece (más), pero sé que no me queda de otra salvo calmarme y ver qué es lo me dicen. Sé que no me queda más que cambiar gracias a esto, el asunto es cómo voy a cambiar y si eso me va a afectar en cuanto a autenticidad se refiere…

Seguiré siendo yo al tiempo que dejo de ser yo?

Eso es todo por hoy! Hasta la próxima y tengan todos una buena semana!

Yo, para variar 🙂

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